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LOS NUEVOS barbanzanos| Edith Ballón (perú) «Mi mejor regalo de cumpleaños fue un contrato»

Pese a las dificultades iniciales, esta mujer se siente feliz en la villa noiesa

Autor:
Vanessa Lagares
Fecha de publicación:

Salir de tu país de origen dejando atrás familia e hijas no es nada fácil. Algo que sabe muy bien Edith Ballón, una peruana de 33 años procedente de Ilo, una ciudad del sur de Perú cuyo principal sustento está en la pesca y la industria, que llegó a Noia en septiembre de 2006 por agrupación familiar. «Mi esposo, que llevaba residiendo aquí desde el 2005, me trajo a través de la reagrupación familiar. Él solo iba de casa al trabajo y así sucesivamente, así que yo me encargué de inspeccionar el terreno para poder traer aquí a mis hijas», explica Ballón.

Con el corazón dividido y la ilusión de buscar un futuro mejor, Edith salió de su país dejando atrás a sus «dos pequeñas», como dice, de 1 y 5 años respectivamente, para venir a Noia, buscar trabajo y traérselas cuando la situación se lo permitiera.

Pero antes de que eso sucediera la vida dio muchas vueltas. Pues unos días después de su llegada a Galicia su marido, que trabajaba de marinero de altura en Ribeira, se quedó sin empleo, por lo que decidieron abrirse camino hacia tierras murcianas. «Viajamos con la esperanza de trabajar en la construcción, pero la mayoría de las obras ya tenían personal, por lo que al final él encontró trabajo en la instalación de equipos de aire acondicionado y yo en la casa de unos arquitectos que me trataron muy bien», relata con cariño.

Otra separación

Y ahí estuvieron dos meses, hasta que su hermano, también residente en Noia, los llamó para que vinieran a la campaña marisquera, lo que hicieron con lágrimas en los ojos «porque yo ya les había cogido mucho cariño a los hijos de la familia para la que trabajaba allá enseñándoles matemáticas y ayudándoles a hacer las tareas, puesto que en Ilo fui maestra y administrativa», alega Ballón.

Con las maletas a cuestas y muchas ganas de trabajar, volvieron a Noia. Corría el mes de diciembre y todavía quedaba lo más difícil, que alguien le ofreciera una oportunidad, pues Edith carecía de papeles.

«Un día, paseando por la calle, vimos un cartel en una panadería y le pregunté a mi marido si me darían la oportunidad. Entré y me dijeron que volviera al día siguiente. Una vez allí comenté que no tenía papeles y la dueña me preguntó qué podía hacer ella para ayudarme. Se lo expliqué y me ofreció el puesto. Corría la fecha de mi cumpleaños, así que, mi mejor regalo fue un contrato», recuerda. Ahora todo era más fácil para traer a su descendencia, «pero si no fuera por la ayuda de mi ex jefa nunca lo habría conseguido, pues a través de sus abogados me hicieron todo el papeleo», alega llena de reconocimiento.

Integración

El gran día llegó en octubre de 2007, cuando su madre, María, y sus niñas, Maybeline y Sadia, aterrizaron en la localidad. Ahora sí eran una familia, solo quedaba que los nuevos residentes se adaptaran a la vida de aquí. «Yo necesitaba a mi madre porque el trabajo no me permitía estar pendiente de ellas todo el tiempo. Además iban a notar el cambio demasiado, aunque al final se adaptaron muy bien y la mayor incluso habla de que le gustaría quedarse aquí para siempre», apunta esta mujer peruana a la que no le importaría establecerse en Barbanza, «a pesar de que uno siempre llega con la idea de regresar», porque dice estar muy agradecida con el apoyo que los noieses le mostraron.

«Siempre me trataron muy bien y me sentí muy integrada, tanto en la panadería como en el restaurante da Senra, en donde trabajo en los meses de verano cuando termina la temporada del mejillón, que me mantiene ocupada en la conservera boirense Paquito», dice Ballón, quien recalca: «La gente que llega de su país está preparada y necesita una oportunidad».

Pero como no todo va a ser trabajar, Ballón y su familia también encuentran lugar para la fiesta, de manera que no es raro verla rodeada de amigos y vecinos, pues durante el fin de semana se reúnen en sus pisos o en la calle: «Aquí las reuniones son más silenciosas que en Perú, en donde hacemos más ruido porque vivimos en casas. Pero ya nos estamos acostumbrando, al igual que a las comidas gallegas, que no solo nos encantan sino que ya las sé cocinar», dice.

 

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«Mi mejor regalo de cumpleaños fue un contrato»
Edith Ballón espera poder trabajar en algo relacionado con su formación de maestra
Autor de la imagen: | CARMELA QUEIJEIRO
 
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