El programa sanitario al que durante meses dio cabida Rianxo se despidió ayer
Como si fuese una alumna más, la salud estuvo ayer presente en el colegio Castelao de Rianxo. Algunos niños igual creen que no la vieron, pero es por que ella estaba ahí, sentada en el aula con los críos, pero convertida en lonchas de jamón cocido y queso, bollos de pan, mantequilla, mermelada, manzanas, plátanos, cereales o leche. ¿Cómo pasó semejante cosa? Pues porque los alumnos de este centro educativo rianxeiro disfrutaron de unos desayunos saludables. Lo hicieron a cuenta de un programa de la Consellería de Sanidade al que durante meses dio cabida Rianxo y que ayer, con esa sabrosa y nutritiva jornada, tocó a su fin.
A las once de la mañana, quedaba claro que en el colegio Castelao pasaba algo especial. En el recibidor de la escuela, el alcalde conversaba con los responsables del centro y con el director xeral de Saúde Pública. Hablaban de la importancia que tuvo para Rianxo que la Consellería de Sanidade llevase a cabo un programa en el que participaron, a través de distintas actividades, 6.000 personas y en el que se invirtieron más de 70.000 euros. Y solo hacía falta echar un vistazo a lo que pasaba en un aula cercana al hall para darse cuenta de qué iba el asunto.
En ella, sentados en diminutas sillas, numerosos pequeños como Gabriela, Noa o Diego tenían delante unas bandejas de lo más exquisitas. Algunos ya se habían zampado las manzanas; otros iban a por los plátanos, había quien no podía con tantos cereales y casi todos se pirraban por el zumo. Mientras ellos comían, las profesoras explicaban que, gracias al programa de Sanidade, en los últimos días pudieron organizar estos desayunos saludables. Sin embargo, con pena, comentaban que a partir de ahora las cosas seguirán como siempre: «Los niños traen algo para comer, aunque sería ideal que esto continuase».
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Precisamente, y después de comprobar las ansias de los pequeños por dejar la bandeja sin alimento alguno, tanto el alcalde como el director xeral de Saúde Pública explicaron que, en cuanto haya presupuesto, se intentará dar continuidad al programa que ayer tocó a su fin y que fue mucho más allá de los desayunos saludables.
No en vano, en los últimos meses, se llevaron a cabo todo tipo de actividades relacionadas con la salud. Por ejemplo, se pusieron paneles sobre la prohibición de fumar en 16 edificios públicos. Hubo talleres sobre el consumo de alcohol y otras drogas, iniciativas para aprender a resolver conflictos. También se desarrollaron actividades deportivas, tanto de danza como de senderismo o de educación física para personas con discapacidad. Se ofrecieron charlas y clases prácticas en los colegios sobre higiene postural. Y más y más actividades. En total, se calcula que fueron 6.000 las personas que participaron en ellas.
Para el director xeral y para el alcalde, la experiencia no pudo ser más positiva. ¿Para los niños? Al menos para los que ayer devoraban alimentos en el Castelao, tampoco estuvo mal: «Si que me gusta comer no colexio, e ademais eu acabei todo moi rápido», decía un niño con cara de ángel llamado Mateo.
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