El ritmo de construcción de viveros y flotadores ha caído en picado
La larga crisis que arrastra el sector mejillonero gallego está pasando factura a los bateeiros, pero también a todas las empresas que viven directa o indirectamente de ellos. Los productores, envueltos en una maraña de convulsiones internas, se han vuelto cautos a la hora de invertir en sus empresas. La alegría con la que antes se renovaban bateas y barcos ha quedado atrás, y ahora se gasta lo justo.
«A xente prefire ir tirando, deixar que pase a mala racha, e despois xa fará», explicaban ayer desde Talleres Mar, en Caleiro. Esta empresa lleva cincuenta años especializada en la construcción de flotadores de batea, y aseguran que de un tiempo a esta parte el negocio no ha dejado de menguar. «Nós podíamos traballar para cuarenta ou cincuenta bateas novas ao ano. Este levamos doce», explicaba uno de los responsables de esta empresa. Si el taller logra ir tirando no se debe, asegura, «as novas construccións, por que están totalmente paradas, se non ás reparacións». Y es que si antes, «aos seis ou sete anos a xente cambiaba os caixóns, agora a xente arránxaos para ir tirando».
En Talleres Mar presumen de hacer flotadores para bateas situadas en todos los puntos de la costa gallega. Hay otras dos empresas en la ría de Arousa que se dedican a esa labor. «E todas estamos igual», sentencian desde Caleiro.
Si los fabricantes de flotadores para bateas tienen problemas, otro tanto les ocurre a los empresarios que se dedican a la construcción de los viveros flotantes para el cultivo de mejillón. En la playa de As Sinas, en Vilanova, trabaja la empresa de Eduardo Vidal, conocida popularmente como Chantada. Ese pequeño arenal solía presentar signos evidentes de la intensa actividad que en él se desarrollaba. Pero esa actividad ha ido a menos, y la firma también ha notado una fuerte merma en los pedidos que recibe. Tanto, que el número de empleados ya ha tenido que ser recortado.
Un 80% menos
«Nótase moito o parón. A actividade puido cair un 80%, máis ou menos», aseguraba ayer el responsable de esta firma. A estas alturas de año ya tendrían que tener encargadas un buen puñado de bateas que deberían construir a lo largo del próximo ejercicio.
Sin embargo, los pedidos aún no han empezado a llegar. «Non temos nin a primeira», sentencia el responsable de la firma. «A xente do sector anda moi desconfiada, non queren arriscar», aseguraba ayer el empresario vilanovés. «Agora só cambia a batea o que a ten en moi malas condicións e ten medo a que non lle aguante o inverno. Se ven que lles poden aguantar os temporais, xa non a cambian», sentencia.
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