Quien intenta conciliar el sueño durante la madrugada y debe soportar el doble de decibelios permitidos por ley a un local de hostelería se enfrenta a una difícil misión. Los vecinos de la zona de Covas saben lo que es convivir con esta situación y, desde hace años, han reclamado la intervención del Concello para controlar este exceso.
En los casos de los locales Temple Bar y Dublín han sido los agentes de Policía los encargados de comprobar el funcionamiento de los limitadores de ruido, a raíz de las quejas trasladadas por los vecinos, más incisivas en las noches del fin de semana y en los meses de verano.
El problema de los ruidos y de los horarios de los locales no es nuevo en Viveiro. Ya en julio del 2005 un grupo de residentes en Covas anunciaron su intención de concentrarse en la praza Maior para protestar por esta situación. Días después, el Concello anunció su intención de repartir sonómetros entre los hosteleros locales, una medida también encaminada a evitar que los espacios públicos sean objeto de actos vandálicos. Las quejas se han sucedido en los últimos años y en mayo del 2007 las comunidades de vecinos ya se quejaban de las molestias ocasionadas por los locales que anteayer decidió clausurar el Ayuntamiento.
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