Los detalles marcan la diferencia. A los políticos se les llena la boca anunciando grandes obras que, de tanto oír hablar de ellas, pueden inducir a pensar que ya están acabadas cuando ni han empezado. A los ciudadanos les preocupa lo cotidiano, esas pequeñas obras o servicios que pueden hacer la vida más llevadera. Por lo que parece, es más difícil lo segundo que lo primero.
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